
Puede que Polonia no sea el primer destino que tienen en mente los viajeros que planifican en sus vacaciones en Europa, pero este pequeño país de Europa central, cuya historia se asemeja a una verdadera odisea, tiene más de un tesoro que ofrecer a sus visitantes. La historia y la cultura polaca tienden a quedarse bajo la sombra de los grandes destinos turísticos, sin embargo, Polonia tienen una manera muy particular de contar su historia, une historia presente en cada calle, en cada muro, en cada ciudad del país. La nación polaca, a veces poderosa, a veces fragmentada, a veces incluso desaparecida, merece un lugar en el corazón de todo viajero.
Durante nuestro viaje de una semana, pudimos descubrir las maravillas de la capital, Varsovia, así como la majestuosa ciudad de Cracovia. También viajamos al pasado en el campo de concentración Auschwitz-Birkenau, una experiencia que nos marcó para siempre. Esta nación, renacida de entre las cenizas de su pasado, tienen mucho para dar. Les contaremos la pequeña parte de historia que pudimos recorrer y que dio pie a nuestro primer viaje juntos, así como a los primeros artículos de este blog.
Estadía: del 14 al 21 abril de 2019
Trayecto: Burdeos-Varsovia con Wizzair (alrededor de 130€ ida y vuelta, 2h45)
Desde el aeropuerto: Nada de qué preocuparse, es muy fácil trasladarse al centro de Varsovia gracias a los autobuses que pasan regularmente frente a la salida del aeropuerto. El trayecto toma un momento, sin embargo, pues la ciudad se extiende sobre una amplia superficie. Las maquinas a la salida del aeropuerto están disponibles en inglés, así que no habrá ningún problema a la hora de comprar boletos.
Alojamiento: ClickTheFlat Constitution Square Apart Rooms (alrededor de 200€ por 7 noches para dos personas)
El alojamiento es un apartamento en el centro de Varsovia gestionado por una pareja de viajeros que no viven en el lugar. Cuidado: siendo una ciudad muy grande y extendida, los mapas nos dieron la impresión de que estábamos muy cerca del centro, cuando en realidad tuvimos que tomar el tranvía (la parada se encuentra a 3 minutos a pie) para llegar al centro histórico (unos 15 minutos de trayecto). El tranvía (o el autobús) fue necesario para trasladarse a todos los sitios de interés, con algunas excepciones. Sin embargo, estábamos a solo 15 o 20 minutos a pie de la estación de trenes, lo cual encontramos muy práctico. La cocina, dos cuartos de baño y dos servicios (con lavadora) son compartido con otras tres o cuatro habitaciones. La habitación es privada y está muy bien equipada.

Idioma: polaco
Los locales hablan particularmente bien el inglés, lo que facilita mucho la comunicación.
Moneda/Dinero: A pesar de pertenecer a la Unión Europea, Polonia no utiliza el euro si no el esloti (zloty). Dicho esto, es muy fácil cambiar dinero una vez en el lugar gracias a los llamados Kantor, presentes por toda la ciudad, sobre todo cerca de los sitios turísticos, que cambiaran su dinero a una tasa de cambio aceptable, cercana al precio fijado por el mercado (eviten a toda costa los precios del aeropuerto, cuyas tasas de cambio no son para nada ventajosas)
Es posible retirar efectivo en los cajeros automáticos (con una comisión, claro está) y las tarjetas de crédito son aceptadas en la mayoría de lugares. No olviden reportar el viaje a su banco para conocer los impuestos y comisiones de los pagos con tarjeta (en el caso de que los haya). Sobre todo, guarden un poco de efectivo para pagar algunas visitas, como algunas sinagogas, por ejemplo.
Gastos in situ: Polonia es un país muy barato comparado a otros países de Europa. Podrán deleitarse con un buen restaurante por el equivalente de 6-7€. Un menú completo de McDonald’s, con postre incluido, cuesta entre 5 y 6€. Los Carrefour Express presentes por toda la ciudad, así como supermercados como Carrefour Market son, de igual manera, mucho más baratos que los que encontramos en Europa Occidental.
Transporte: El sistema de transporte de Varsovia nos dio algunos problemas: parece difícil evitar el transporte público debido a lo extensa que es la ciudad. La ubicación de las paradas de tranvía no es práctica. A veces, para una misma parada, los dos sentidos de la línea se sitúan a varios metros uno del otro. Incluso estuvimos en paradas en las que las puertas del tranvía dan directamente a la calle, un peligro debido de los automóviles que pasan. La compra de boletos se realiza ya sea en las terminales electrónicas presentes en algunas paradas o en las maquinas adentro de los tranvías, las cuales, dependiendo del modelo del tranvía (algunos viejos y otros modernos), solo aceptan efectivo y no tarjeta, lo cual es problemático cuando no se poseen eslotis recién al llegar.

Para aquellos que sientan la tentación de viajar sin pagar, sepan que los controles en Varsovia son frecuentes: en cuatro días de estadía, fuimos controlados dos veces, en pleno centro. También les recomendamos pedir siempre la factura de compra en las terminales electrónicas y guardarla con ustedes, en caso de que la maquina no imprima los boletos. Nosotros vivimos dicha experiencia, y tuvimos que explicarle en ingles a un inspector polaco porque no teníamos más que la factura de compra y no boletos impresos.
Varsovia dispone además de una red de metro, que no utilizamos durante nuestro viaje.
Finalmente, tengan cuidado al atravesar los grandes bulevares y avenidas: los cruces peatonales no son siempre fáciles de ver, y algunos incluso se encuentran bajo tierra gracias a túneles que conectan cada lado de la calle.
Para Cracovia, la mayoría de sitios turísticos se encuentran agrupados en el centro histórico. No obstante, ciertos lugares de interés se encuentran algo apartados. No duden en utilizar el servicio de Uber, muy poco costoso (más o menos 3€ el viaje).
Hay que probar: Definitivamente tienen que probar los Pierogi. Este plato típico tiene una versión dulce, pero es originalmente salado. Con su apariencia de ravioli o de dumpling, son bolas de masa rellenas de lo que elijan (carne, verduras, papas, mermelada). Tampoco deben perderse los Paczki. Estos beignets, que se rellenan tradicionalmente con mermelada de rosas (u otro sabor) son una delicia y son perfectos para un desayuno improvisado o incluso para una merienda por la tarde. No tuvimos la oportunidad de probar los Zapienaki, muy famosos, sin embargo.
