Apenas unas horas después de nuestra llegada a Varsovia, nos enfrentamos a una situación un tanto inesperada. Luego de dejar nuestro equipaje en el alojamiento, decimos ir al centro histórico para hacernos una primera impresión, para ubicar puntos de referencia y para cambiar dinero. Cambiamos una gran cantidad del efectivo que teníamos, algo que hubiéramos pensado dos veces si hubiéramos sabido lo que vendría después. Recorrimos las calles y las plazas antes de tomar el tranvía de regreso. Aprovechamos el final de la tarde para comer un wafle en una calle muy concurrida. Mientras esperábamos el tranvía, terminamos en medio de una gran multitud que se amontonaba para entrar en los vagones. Como no teníamos nada para la cena, encontramos un restaurante que hacía comida para llevar.
Lea: a la hora de pagar, nos dimos cuenta de que mi billetera había desaparecido por completo: ni un solo rastro de ella, ni en nuestros bolsillos, ni en las mochilas… El muchacho del restaurante nos dijo bromeando que seguramente había hecho muy feliz a algún polaco. El entusiasmo y la felicidad de estar ahí terminaron cediendo ante el pánico. Afortunadamente, nuestros familiares nos ayudaron a hacerle frente a la situación y la razón de ser de este articulo es la de compartir esta experiencia y ayudar a las futuras victimas en este tipo de situaciones.
Santi: “No encuentro mi billetera”. No sería la primera vez que alguien me dice que perdió algo que normalmente acaba por aparecer en el fondo de una mochila o escondido en los bolsillos de un abrigo. Sin embargo, luego de varios minutos de búsqueda, luego de sacar hasta el ultimo objeto de la mochila, no tardamos en comprender que esta situación no sería como una de esas veces. Cuando uno se enfrenta a esa clase de situación, se tienen, en primer lugar, una de dos ideas posibles: o bien el objeto se cayó en alguna parte y el hecho de volver por donde vinimos ayudará a encontrarlo, o bien fue robado por un carterista. Quizá para evitar pensar en la segunda opción, decidí creer en la primera solución y regresé hasta la parada de tranvía en un intento de buscarlo por el suelo. Fue un fracaso. Comprendí rápidamente que esta situación, tan temida por todos los viajeros, nos había ocurrido a nosotros, el primer día de nuestro primer viaje juntos.
De esta experiencia aprendimos dos lecciones: hay que mantener la cabeza fría. De nada sirve entrar en pánico o llorar, nada de eso devolverá el objeto perdido. Más bien, hay que pensar en la manera de limitar al máximo los daños a largo plazo. Hay que asumir que la situación actual es como es y actuar en consecuencia. Lo primero que hay que hacer en caso de la perdida de documentos (ya sea por extravío o robo) es asegurarse de bloquear la tarjeta de crédito, luego hay que acudir a la policía para obtener una declaración de pérdida o robo. Dicho esto, hay que prestar mucha atención, pues los tramites no son inmediatos: en nuestro caso, fuimos inmediatamente a la estación de policía (por suerte ubicada a solo unos diez minutos a pie) pero tuvimos que esperar hasta el día siguiente a que un traductor oficial afiliado a la policía estuviera disponible para que la denuncia fuera admitida (se solicitan traductores en todos los idiomas para este tipo de situaciones). Un consejo: mientras la pérdida es aún reciente, hagan una lista del contenido de la billetera robada y de todos los detalles posibles sobre el objeto y las circunstancias en las que se encontraban cuando se percataron de su desaparición: la policía necesitará dicha información.
A la mañana siguiente, fuimos a la embajada, la segunda etapa importante (tuvimos suerte de que Lea fuera la víctima, pues no había una embajada salvadoreña en el lugar para Santi) para informarnos sobre el procedimiento a seguir.
El único documento de viaje de Lea estaba perdido, por lo que no podíamos regresar a Francia. Para obtener un salvoconducto o una declaración de robo firmada por la embajada (la cual no garantiza el regreso si la aerolínea no lo acepta) necesitábamos:
- la declaración oficial de robo de la policía
- un escaneo del documento de identidad anterior (consejo: viajen siempre con una fotocopia de sus documentos en la maleta y piensen en tenerlos escaneados en su teléfono así como en manos de otra persona en Francia que pudiera enviarlos ella misma a la embajada).
- El equivalente a 55€ en eslotis (que deben pagarse en efectivo y en moneda local, imperativamente. Para aquellos que no tengan ningún medio para obtener dinero, la embajada puede facilitarles un préstamo)
Santi: Como anécdota: yo ya había visitado tres embajadas en mi vida, siendo esta la segunda embajada de Francia en la que entraba. Era la primera vez para Lea y era muy divertido verla sumergirse en el mundo de la diplomacia.
Hicimos una parada en un fotógrafo para conseguir fotografías de identidad. La cita en la policía era a las 4pm. En la estación, había una gran cantidad de gente esperando por la misma razón, lo que nos ayudó a sentirnos menos solos: todos los extranjeros presentes estaban ahí por robo de documentos. El día después de la cita y con la declaración en mano, fuimos nuevamente a la embajada de Francia en Polonia. Provistos de un escaneo del documento de identidad, del dinero necesario y de la declaración de robo, un salvoconducto me fue entregado ese mismo día. El personal de la embajada fue muy agradable y hospitalario, así como el traductor, gracias a lo cual la experiencia no fue un tan mal recuerdo.

El último paso a seguir luego de haber realizado todos los tramites es informarse ante las compañías de tren, de autobús, los hoteles, y cualquier otro lugar en el cual hayan hecho una reservación, respecto a la presentación de un documento de identidad.
Como anécdota, durante nuestro viaje a Cracovia, el inspector del tren no tuvo consideración alguna con situación, a pesar de la declaración de robo. Fue necesario cambiar el nombre usado a la hora de reservar los boletos en la estación de tren de Cracovia. Respecto a esto, quisiéramos extender nuestro reconocimiento al personal presente en el mostrador de la compañía, que nos atendieron con una amabilidad increíble. Aparentemente, también es posible cambiar el nombre de reservación en los boletos gracias a una página web, pero preferimos realizar el procedimiento directamente en la estación.
En el aeropuerto, bastó con presentar el salvoconducto para poder regresar tranquilamente a Francia.
Un consejo más antes de partir: no duden en pasar por las oficinas de la empresa de transporte local… Quizá hayan llevado su billetera ahí o alguien la allá encontrado.
A fin de cuentas, esta experiencia no nos arruinó el viaje en lo absoluto: el tiempo perdido no nos impidió visitar todos los lugares que habíamos planeado ni hacer todo lo que queríamos hacer (e incluso más).
Lea: Respecto al dinero in situ, pagamos con el dinero de Santi y con una provisión de emergencia enviada por mis padres. Es importante tener a alguien en Francia que pueda ayudarlos en este tipo de situaciones.
Enlaces oficiales:
Embajada de Francia en Polonia: https://pl.ambafrance.org/
