Gracias a su arquitectura, y en particular a sus casas coloridas, Cracovia recibe el apodo de la Florencia del Norte. Basta con caminar por sus calles y pasear por sus plazas para confirmarlo. La continuación de nuestra visita por la antigua capital de Polonia estuvo marcada por maravillosos descubrimientos.
Luego de visitar la colina de Wawel, como pudieron leer en nuestro artículo anterior, nos trasladamos a pie hasta el barrio judío de Kazimierz (unos 15 minutos de caminata), poseedor de varias sinagogas. Decidimos visitar dos, cada una con un estilo diferente, pero ambas magnificas: comenzamos por la sinagoga de Isaac, que nos cautivó por su simplicidad y sus restos de escritos en hebreo.
La sinagoga Remuh, mucho más pequeña, posee un interior más iluminado, lleno de luz roja y amarilla. El cementerio judío puede visitarse y es uno de solo tres cementerios judíos ubicados justo al lado de una sinagoga en Europa (en la religión judía, es mal visto que los difuntos se encuentran justo al lado de un lugar sagrado). Los otros dos se encuentran en Praga y en Budapest. Es muy agradable el recorrer a pie las calles del barrio judío, con sus casas típicas, coloridas y realmente adorables.
Luego de refrescarnos con un smoothie en uno de los foodtrucks estacionados en el barrio judío nos dirigimos a la fábrica de Oskar Schindler, empresario alemán que fue nombrado Justo entre las Naciones luego de utilizar su fábrica para contratar obreros judíos, salvándolos así de un destino cruel en los campos de concentración y exterminación nazis. La fábrica, convertida en museo, es testigo no solo de las acciones de Schindler, sino también de la ocupación alemana de Cracovia durante la guerra. Es en verdad una experiencia imperdible… que lamentablemente nos perdimos debido a que, a la hora a la que llegamos al lugar, a eso de las 14h, ya se habían vendido los últimos boletos para la exhibición. Por lo tanto, les aconsejamos llegar muy temprano si quieren visitarlo. Los precios varían entre 26 eslotis (6 euros) y 22 eslotis (5 euros) para un boleto con descuento. Si quieren saber más sobre punto, los invitamos a ver la película La Lista de Schindler, dirigida por Steven Spielberg.
Para terminar el día, nos dirigimos a la plaza principal: Rynek Główny (Plaza del Mercado). Esta plaza guarda cierto parecido con la gran plaza de Varsovia, con casas del mismo estilo y un obelisco en el centro.

Visitamos la Basílica de Santa María (estén atentos: los boletos se venden en una oficina frente a uno de los laterales del edificio y no en la propia basílica). La basílica es simplemente maravillosa: su interior tapizado de azul real mezclado con detalles en oro que decoran las paredes es digno de atención particular. Desde la torre más alta, utilizada antiguamente como punto de vigilancia, suena una trompeta cada hora. Hubo una época en la que esto marcaba el cierre y la apertura de la ciudad, así como señal de alarma en caso de ataque. Una leyenda dice que la música se detiene súbitamente pues un trompetista habría muerto al ser alcanzado por una flecha mientras tocaba.
Luego de esta visita que tanto nos marcó, vimos la Barbacana de Cracovia, muy distinta a la de Varsovia. En Cracovia, rodea únicamente una plaza comercia frente a un parque por el cual dimos un paseo. Regresamos luego a la estación de trenes, con dirección a Varsovia, satisfechos de nuestra jornada en Cracovia que fue una de las mejores de todo el viaje.
Enlaces oficiales:
Basílica de Santa María: http://mariacki.com/en/











