Al leer nuestros artículos previos se habrán dado cuenta que, para nosotros, visitar un país significa también el sumergirse en su historia, incluso si esta puede llegar a ser dolorosa y difícil de asimilar. ¿Cómo ir a Polonia con esta perspectiva en mente sin visitar el sitio memorial de Auschwitz-Birkenau? La historia que ocurrió en este campo es bien conocida por todos. Sin embargo, es solo después de haber estado ahí, en ese lugar que presenció tanta brutalidad, tanta barbarie, pero también actos de gran valentía, que verdaderamente comprendemos esta página del pasado.

Antes que nada, debemos advertirles: la visita es sumamente dura, algunas imágenes pueden ser impactantes y llegaron a perturbarnos, incluso varios días después de nuestra visita. No es necesario ir al lugar para cumplir su deber de memoria. Nosotros fuimos únicamente con una perspectiva histórica y no para hacer turismo, algo inapropiado para este tipo de lugares,
El trayecto a Auschwitz desde Varsovia es largo y complicado. Por ello, hicimos el mismo viaje que para ir a Cracovia y luego tomamos un autobús de una hora y media. El autobús (encontraran el enlace de la compañía al final del articulo) hace dos paradas antes de llegar a destino y cuesta alrededor de 6 € ida y vuelta. No olviden llevar su boleto impreso, requisito indispensable para subir al autobús.
Una vez en el lugar, lo primero que nos llamó la atención fue la gran multitud ahí reunida, que más daba la impresión de estar en un “parque de diversiones”, cosa que lamentamos profundamente. El número de padres con niños pequeños también nos impactó.
La entrada al campo es gratuita. Sin embargo, les recomendamos realizar la visita con un guía para así seguir las explicaciones. Pueden reservar su visita guiada en línea y elegir el idioma que prefieran. Esten atentos, las visitas solo pueden reservarse con tres meses de antelación. El recorrido se hace en dos partes: Auschwitz 1 y Auschwitz-Birkenau (también conocido como Auschwitz 2). Un autobús gratuito conecta las dos partes en menos de diez minutos.
La visita comienza en Auschwitz I: es la primera sección del campo establecido por los alemanes en un antiguo cuartel polaco. En un primer momento, el campo recibía prisioneros políticos, antes de ser abierto a la totalidad de la población considerada como indeseable por los nazis. Un portón con la tristemente célebre frase «Arbeit Macht Frei» (El trabajo libera) recibe a los visitantes.

A partir de ahí, la atmosfera se vuelve tensa y pesada. Las fotos están permitidas en la mayoría de las salas, con excepción de algunos lugares específicos. Sin embargo, los guías precisan que, dado al carácter memorial del sitio, tomar fotos sin cesar no es para nada respetuoso. La visita consiste en ingresar a los distintos bloques que contienen exposiciones fotográficas, con muchas de las fotos tomadas por los propios prisioneros, maquetas, paneles explicativos sobre la construcción del campo, sobre los lugares de origen de los prisioneros y sobre su destino final. En la primera sala, una urna que contiene las cenizas recuperadas de varios prisioneros anónimos funciona como una tumba colectiva. Decidimos no fotografiarla por respeto a las víctimas. Uno de los momentos más impactantes es la exposición de objetos personales de los cuales se despojaba a los prisioneros a su llegada: pilas de maletas, zapatos, peines, prendas de vestir para niños, prótesis, entre otras cosas están amontonadas tras una serie de vitrinas.

Luego sigue una de las salas más chocantes y perturbadoras del sitio: una pila de más de dos toneladas de cabello perteneciente a las victimas detrás de un enorme cristal. De más está decir que las fotos están estrictamente prohibidas en esta sala. En otro bloque, un pasillo expone cientos de fotos de prisioneros, indicando sus fechas de nacimiento, su país de origen, su oficio, su fecha de deportación y de deceso.
Una parte del recorrido está dedicada a los barracones de los prisioneros: una sala muestra una serie de mantas tendidas sobre montones de paja, sus baños, sus duchas, mostrando así las duras condiciones de vida que debían soportar. También se pueden ver las salas de interrogación utilizadas por la Gestapo, así como los lugares donde los prisioneros eran colgados o fusilados. Una de las partes más duras de ver se encuentra en los sótanos del campo, dentro de los cuales se encuentran las celdas de aislamiento de los prisioneros, lugar donde se les mataba de hambre o eran asesinados con métodos más convencionales. Una de las historias más conocidas vinculada a esta parte del campo es la del sacerdote Maximiliano Kolbe. Luego de que un prisionero de su bloque lograra escapar, y de acuerdo con el brutal protocolo establecido para este tipo de situación, la SS eligió a 10 prisioneros que serían condenados a morir de hambre. Kolbe se ofreció como voluntario para tomar el lugar de un padre de familia y resistió tres semanas sin comer ni beber antes de ser asesinado con una inyección letal. En su celda se encuentra un modesto memorial. Las fotos están prohibidas en los sótanos.

Para finalizar, además de pasar frente al hospital donde los supuestos doctores realizaban experimentos con los pacientes, esta parte del recorrido da acceso a las cámaras de gas y a los hornos crematorios: las marcas de uñas dejadas en las paredes son perturbadoras y aun acechan nuestros pensamientos. Las fotos están permitidas tanto en las cámaras como en los hornos, pero tomamos la decisión de no publicarlas.
Luego de darnos unos minutos de respiro para reponernos del shock emocional, tomamos el autobús para ir a la segunda sección del campo: Auschwitz Birkenau, construido exclusivamente para el exterminio. Nos recibió la conocida puerta de entrada y los rieles por los cuales llegaban los convoyes de vagones para ganado (un vagón se encuentra en exhibición).
El alambre de púas esta presente en todos lados. La visita consiste en seguir la línea de ferrocarril, realizando el mismo trayecto que los prisioneros a su llegada. Al final, llegamos al memorial propiamente dicho, un monumento con placas conmemorativas escritas en los 24 idiomas de las 24 nacionalidades de los prisioneros que murieron en Auschwitz. Para continuar, se nos muestran los restos de los hornos crematorios y de las cámaras de gas, destruidas por los nazis para eliminar la mayor cantidad de evidencia posible. Igualmente, ingresamos en los bloques que alojaban a los prisioneros: dormitorios con literas, sobre las cuales dormían tres o cuatro prisioneros a la vez, se extienden antes los visitantes.
Al final del recorrido, en el edificio de entrada de Auschwitz-Birkenau, una gran librería ofrece libros en varios idiomas sobre el campo o el holocausto en general, por si desean ir más allá de las explicaciones de la visita.
Regresamos a Varsovia con un nudo en el estómago, luego de tomar el autobús y luego el tren. No nos arrepentimos para nada de ese día, que es para nosotros una experiencia que hay que a hacer por lo menos una vez en la vida. Sin embargo, hay que medir bien la capacidad de cada uno para resistir una visita como esta. Decidimos dejarla para el final del viaje, evitando así que las imágenes nos acecharan durante toda nuestra estadía. Al escribir este artículo, aun visualizamos perfectamente las imágenes que la visita nos dejó, que aun ahora nos impactan como si fuera la primera vez.
Enlaces oficiales:
La compañía de bus que nos llevó de Cracovia a Auschwitz : https://www.lajkonikbus.pl/
Auschwitz-Birkenau: http://auschwitz.org/en/
Enlace para adquirir boletos: https://visit.auschwitz.org/




